<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[la forja del capital]]></title><description><![CDATA[historias del capital mexicano: las personas, las operaciones y las empresas que forjaron las grandes fortunas de México —y por qué algunas se perdieron.]]></description><link>https://articulos.forjadelcapital.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!y-IK!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fb159fb43-a466-4758-8e4c-17a55935faa3_512x512.png</url><title>la forja del capital</title><link>https://articulos.forjadelcapital.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Sat, 13 Jun 2026 11:33:55 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://articulos.forjadelcapital.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Daniel Lorenzen Maldonado]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[forjadelcapital@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[forjadelcapital@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Daniel Lorenzen Maldonado]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Daniel Lorenzen Maldonado]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[forjadelcapital@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[forjadelcapital@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Daniel Lorenzen Maldonado]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[crónica del banco olvidado]]></title><description><![CDATA[El primer banco de M&#233;xico no fue Banamex. Y sigue vivo &#8212;entras a &#233;l m&#225;s seguido de lo que imaginas; solo que bajo otro nombre y otra bandera.]]></description><link>https://articulos.forjadelcapital.com/p/cronica-del-banco-olvidado</link><guid isPermaLink="false">https://articulos.forjadelcapital.com/p/cronica-del-banco-olvidado</guid><dc:creator><![CDATA[Daniel Lorenzen Maldonado]]></dc:creator><pubDate>Tue, 09 Jun 2026 03:38:02 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/ece427df-82d6-4c48-bfc3-d1189566e2ae_1962x968.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Preg&#250;ntale a cualquiera en una mesa cu&#225;l fue el primer banco de M&#233;xico y, casi sin falla, dir&#225; Banamex. Es una respuesta razonable. Banamex fue, durante un siglo, <em>el</em> banco: el de los grandes capitales porfirianos, el del archivo hist&#243;rico, el de la casa de los condes de San Mateo de Valpara&#237;so. La marca se volvi&#243; sin&#243;nimo de banca mexicana.</p><p>El problema es que es falsa por partida doble.</p><p>Primero, porque Banamex no fue el primer banco. Y segundo &#8212;esto lo sabe todav&#237;a menos gente&#8212; porque <strong>Banamex ni siquiera naci&#243; como un banco: naci&#243; como dos.</strong> Es una fusi&#243;n disfrazada de origen.</p><p>Antes que todos ellos hubo otro. El primero de verdad. El que esta generaci&#243;n olvid&#243;. Y la parte m&#225;s extra&#241;a de la historia es que sigue vivo: hoy respira, sin nombre y sin memoria, dentro de un banco espa&#241;ol.</p><h3><strong>1864: un banco para un imperio</strong></h3><p>Para encontrar el origen hay que retroceder a uno de los momentos m&#225;s improbables de la historia mexicana. En 1864, M&#233;xico ten&#237;a un emperador austriaco &#8212;Maximiliano de Habsburgo&#8212; y una emperatriz, Carlota, instalados en Chapultepec por la intervenci&#243;n francesa. Benito Ju&#225;rez resist&#237;a en el norte. El pa&#237;s estaba partido en dos y endeudado hasta el cuello: la propia guerra que trajo a Maximiliano hab&#237;a empezado porque M&#233;xico dej&#243; de pagarle a sus acreedores europeos.</p><p>En ese desorden, todos quer&#237;an fundar el banco del Imperio. Y casi todos fracasaron. Hubo un proyecto franc&#233;s, el Banco de M&#233;xico, en 1863. Hubo uno anglofranc&#233;s, el Banco Imperial Mexicano, ese mismo a&#241;o, con firmas tan poderosas como <em>Glynn, Mills &amp; Co</em>. Hubo un Banco Franco-Mexicano en 1864 y, en noviembre, hasta los Rothschild propusieron el suyo. Ninguno cuaj&#243;. Maximiliano, liberal hasta para esto, se negaba a regalar el monopolio que todos ped&#237;an, y sin monopolio los banqueros europeos perd&#237;an el inter&#233;s.</p><p>El &#250;nico que ech&#243; ra&#237;z no lleg&#243; pidiendo privilegios. Lleg&#243; a trabajar.</p><p>El <strong>1 de agosto de 1864</strong> abri&#243; sus puertas el <strong>Banco de Londres, M&#233;xico y Sudam&#233;rica</strong>: una sucursal del <em>London Bank of Mexico and South America, Ltd.</em> Lo levantaron dos ingleses, William Newbold y Robert Geddes, que hab&#237;an desembarcado en Veracruz unos meses antes y que no eran improvisados: tra&#237;an tratos con casas comerciales europeas ya establecidas en M&#233;xico, como <em>Manning &amp; Mackintosh</em>, representantes del banco <em>Baring</em>. Aportaron un capital de <strong>2.5 millones de pesos &#8212;unas 500,000 libras esterlinas&#8212;</strong> y abrieron una oficina diminuta en el n&#250;mero 3 de la calle de Capuchinas, a unos pasos del Z&#243;calo. Al principio fueron cuatro empleados.</p><p>No era poca cosa lo que tra&#237;an. En un pa&#237;s que operaba a punta de monedas de plata, pagar&#233;s y confianza personal, ese banco introdujo dos instrumentos que hoy damos por sentados:</p><ul><li><p><strong>El primer billete bancario de M&#233;xico.</strong> El 13 de febrero de 1865 puso en circulaci&#243;n 1,400 billetes de cinco pesos &#8212;siete mil pesos en total&#8212;. Despu&#233;s vinieron los de 10, 20, 50, 100, 500 y, para 1867, los de mil.</p></li><li><p><strong>El cheque,</strong> una forma de mover dinero sin cargarlo.</p></li></ul><p>Pi&#233;nsalo: el primer papel que circul&#243; en M&#233;xico con la promesa &#8220;esto vale dinero&#8221; no lo emiti&#243; el Estado mexicano ni un pr&#243;cer de la Reforma. Lo emiti&#243; un banco ingl&#233;s bajo un emperador europeo. El capital, como casi siempre, lleg&#243; antes que las banderas.</p><blockquote><p>Hubo intentos previos &#8212;el <em>Banco de Av&#237;o</em> de 1830, por ejemplo&#8212;, pero aquello era un fondo de fomento industrial del gobierno, no una banca. El primer banco que de verdad recibi&#243; dep&#243;sitos, emiti&#243; billetes y sobrevivi&#243; fue &#233;ste.</p></blockquote><p>Y no se qued&#243; en la capital. En cuesti&#243;n de meses tendi&#243; agencias en Zacatecas, Guanajuato, Veracruz, Tampico, San Luis Potos&#237;, Morelia, Matamoros, Puebla, Colima y Durango. Financiaba el comercio de importaci&#243;n y exportaci&#243;n con Inglaterra, daba cr&#233;dito de corto plazo a los comerciantes, prestaba a los exportadores de algod&#243;n del norte, a los hacendados y &#8212;c&#243;mo no&#8212; al propio gobierno de Maximiliano. Era, de golpe, la columna vertebral financiera de un pa&#237;s que ni siquiera ten&#237;a clara su forma de gobierno.</p><h2><strong>el banco que sobrevivi&#243; a su propio nacimiento</strong></h2><p>En 1867 el Imperio se desplom&#243;. Fusilaron a Maximiliano en el Cerro de las Campanas y Ju&#225;rez restaur&#243; la Rep&#250;blica. Y aqu&#237; el banco enfrent&#243; su primera prueba de muerte: hab&#237;a nacido bajo un emperador, con bendici&#243;n imperial. La Rep&#250;blica pod&#237;a, con toda l&#243;gica, anularlo de un plumazo.</p><p>El gobierno juarista repudi&#243; las deudas del Imperio, sobre todo las que ten&#237;an nombre de banquero europeo. Pero no mat&#243; al banco: el <strong>20 de agosto de 1867</strong> confirm&#243; su autorizaci&#243;n para seguir operando. Lo dej&#243; vivir.</p><p>Lo dej&#243; vivir, eso s&#237;, <em>marcado</em>. Como castigo por su pecado de origen, sus billetes quedaron condenados a la orilla: <strong>no se aceptaban para pagar impuestos ni para pagar a los empleados del gobierno,</strong> y su circulaci&#243;n se repleg&#243; casi por completo a la Ciudad de M&#233;xico. Un billete que el Estado no recibe es un billete a medias. Esa marginaci&#243;n &#8212;menospreciada, casi invisible&#8212; fue la semilla de todo lo que vendr&#237;a despu&#233;s. Porque veinte a&#241;os m&#225;s tarde aparecer&#237;a otro banco al que el gobierno s&#237; le recibir&#237;a los billetes para todo. Y ah&#237;, no antes, se decidir&#237;a qui&#233;n ser&#237;a grande.</p><h2><strong>el mito de Banamex: ni el primero, ni uno solo</strong></h2><p>&#191;De d&#243;nde viene entonces la idea de que Banamex fue el primero? De que fue el primero <em>grande</em>, el primero verdaderamente nacional. Pero lleg&#243; <strong>veinte a&#241;os despu&#233;s</strong>, y lleg&#243; por fusi&#243;n.</p><p>El <strong>2 de junio de 1884</strong>, bajo la presidencia de Manuel Gonz&#225;lez, se unieron dos instituciones que apenas operaban desde 1882:</p><ul><li><p>El <strong>Banco Nacional Mexicano</strong>, con concesi&#243;n del gobierno y capital mayoritariamente <strong>franc&#233;s</strong>.</p></li><li><p>El <strong>Banco Mercantil Mexicano</strong>, un <em>banco libre</em> con capital sobre todo de comerciantes <strong>espa&#241;oles</strong> radicados en M&#233;xico.</p></li></ul><p>De esa boda naci&#243; el <strong>Banco Nacional de M&#233;xico</strong>, con un capital de 20 millones de pesos. Es decir: el banco que M&#233;xico recuerda como su punto de partida fue, en realidad, la combinaci&#243;n de otros dos &#8212;ninguno de los cuales era el primero&#8212;, montada dos d&#233;cadas despu&#233;s de que el Banco de Londres ya emitiera billetes.</p><h2><strong>el banco del gobierno: por qu&#233; Banamex creci&#243; m&#225;s</strong></h2><p>Aqu&#237; hay que matar otro mito de paso, porque es el que t&#250; probablemente esperas: que Banamex creci&#243; m&#225;s porque era m&#225;s grande, porque ten&#237;a m&#225;s dinero. No es cierto. Para 1910, sobre el papel, <strong>el Banco de Londres ten&#237;a incluso un capital ligeramente mayor: 21.5 millones de pesos contra los 20 de Banamex.</strong> En tama&#241;o nominal iban parejos.</p><p>La brecha no fue de capital. Fue de gobierno.</p><p>A Banamex se le concedieron dos privilegios que el Banco de Londres no tuvo, y que val&#237;an m&#225;s que cualquier inyecci&#243;n de dinero. El primero: <strong>sus billetes ser&#237;an los &#250;nicos aceptados para el pago de impuestos y dem&#225;s rentas federales.</strong> El segundo: ser&#237;a el <strong>agente financiero del gobierno</strong>, el que llevaba la cuenta de la Tesorer&#237;a y administraba el servicio de la deuda interna y externa. Un banco cuyos billetes sirven para pagarle al Estado, y que adem&#225;s guarda el dinero del Estado, no compite en igualdad de condiciones: juega con la casa a favor.</p><p>Hasta la regla de emisi&#243;n estaba inclinada. Banamex pod&#237;a emitir billetes guardando en caja apenas <strong>un tercio</strong> de su valor en met&#225;lico; al Banco de Londres se le exig&#237;a <strong>la mitad</strong>. El primero pod&#237;a estirar su plata m&#225;s lejos. El segundo, no.</p><p>Y por si faltara claridad, lleg&#243; el palo. El <strong>C&#243;digo de Comercio de 1884</strong> prohibi&#243; que un banco extranjero tuviera en M&#233;xico sucursales que emitieran billetes. El m&#225;s perjudicado, otra vez, fue el Banco de Londres y M&#233;xico, justo por ser sucursal de un banco ingl&#233;s. Su salida fue tan astuta como reveladora del pa&#237;s: para <em>mexicanizarse</em>, compr&#243; un banco peque&#241;o y mexicano &#8212;el <strong>Banco de Empleados</strong>&#8212; a trav&#233;s de prestanombres como Tom&#225;s Braniff y Juan Llamedo, y con esa concesi&#243;n a cuestas se reconstituy&#243;, en 1889, como sociedad an&#243;nima mexicana. Dej&#243; caer el &#8220;y Sudam&#233;rica&#8221; y se qued&#243; con el nombre con el que pasar&#237;a a la historia: <strong>Banco de Londres y M&#233;xico</strong>.</p><p>&#191;Hasta d&#243;nde llegaban esas l&#237;neas borrosas entre la pol&#237;tica y la banca? Tanto que en <strong>1899 el propio Porfirio D&#237;az se volvi&#243; accionista personal del Banco de Londres y M&#233;xico.</strong> El presidente de la Rep&#250;blica, socio del banco que su propia ley hab&#237;a castigado. Esa es, en una sola imagen, la mec&#225;nica completa del Porfiriato: no hab&#237;a un muro entre el poder y el dinero; hab&#237;a una puerta giratoria.</p><p>En 1897, Jos&#233; Yves Limantour, el secretario de Hacienda, expidi&#243; la <strong>Ley General de Instituciones de Cr&#233;dito</strong> para poner orden. Lo que hizo, en la pr&#225;ctica, fue consagrar un duopolio: solo Banamex y el Banco de Londres pod&#237;an circular billetes en toda la Rep&#250;blica; los dem&#225;s bancos quedaron reducidos a su estado. Entre los dos llegaron a concentrar cerca del <strong>75% de todos los dep&#243;sitos del pa&#237;s</strong>. Eran el sistema.</p><p>Pero dentro del duopolio, uno mandaba. Mientras el Banco de Londres comercializaba plata y financiaba al comercio, Banamex financiaba al gobierno y a sus obras: la red ferroviaria pas&#243; de unas 400 millas en 1876 a m&#225;s de <strong>15,000 millas en 1910</strong>, y buena parte de ese tendido se pag&#243; con cr&#233;dito de Banamex, el mayor banco comercial del pa&#237;s desde 1884 y hasta la Revoluci&#243;n. No por mejor sino por mejor conectado.</p><p>Es la f&#243;rmula que define toda esta historia. A&#241;os despu&#233;s yo le dedicar&#237;a buena parte de mi tesis de licenciatura en econom&#237;a a esa sola idea &#8212;que el origen de la banca mexicana fue, antes que nada, una <em>riqueza por decreto</em>&#8212;; as&#237; se titula la tesis, de hecho. Porque en M&#233;xico la fortuna no siempre la hizo el m&#225;s eficiente: muchas veces la hizo el que ten&#237;a la firma del gobierno.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8oS_!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3640bb82-fb25-4c45-8fe4-b56c54c03707_1844x1162.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!8oS_!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3640bb82-fb25-4c45-8fe4-b56c54c03707_1844x1162.png 424w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg role="img" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><title></title><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" 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La inaugur&#243; el 3 de febrero de 1913. Diecinueve d&#237;as despu&#233;s estallaba la <em>Decena Tr&#225;gica </em>y el pa&#237;s entero se ven&#237;a abajo. El banco hab&#237;a construido un castillo justo a tiempo para verlo temblar.</p><p>Porque lo interesante de esta casa no es solo que naciera primero. Es que <strong>no se muri&#243;</strong>. Y para no morirse en M&#233;xico entre 1864 y hoy hay que cruzar el Imperio, la Rep&#250;blica restaurada, el Porfiriato, la Revoluci&#243;n, dos guerras mundiales, la nacionalizaci&#243;n y tres crisis. El Banco de Londres las cruz&#243; casi todas. La que estuvo a punto de trag&#225;rselo fue la Revoluci&#243;n.</p><p>Cuando el orden porfiriano se desplom&#243;, se desplom&#243; tambi&#233;n su dinero. Las facciones &#8212;constitucionalistas, villistas, zapatistas&#8212; imprimieron papel moneda a destajo, los famosos <em>bilimbiques</em>, que val&#237;an solo mientras el caudillo que los firmaba controlaba la regi&#243;n. La inflaci&#243;n pulveriz&#243; el ahorro. Y a los bancos los exprimieron por la fuerza: al Banco de Londres le impusieron un pr&#233;stamo forzoso de 3 millones de pesos en 1913 y de 11.7 millones en 1914, y cuando Pancho Villa tom&#243; Torre&#243;n, simplemente se llev&#243; el efectivo de la sucursal.</p><p>El golpe definitivo lo dio Carranza. En 1915, su subsecretario de Hacienda, Rafael Nieto, mand&#243; revisar las cuentas de los bancos de emisi&#243;n y encontr&#243; un fraude generalizado. Su frase qued&#243; para la historia: hab&#237;a, dijo, &#8220;bancos de emisi&#243;n de nombres sonoros y pomposos [que] s&#243;lo tienen en existencia met&#225;lica dos mil pesos plata, en tanto que sus emisiones sobrepasan los dos millones&#8221;. De los 24 bancos de emisi&#243;n del pa&#237;s, la comisi&#243;n dictamin&#243; que solo 9 cumpl&#237;an la ley. A los dem&#225;s se les caduc&#243; la concesi&#243;n.</p><p>En septiembre de 1916, Carranza decret&#243; la caducidad y mand&#243; incautar los bancos. Cuando el gerente del Banco de Londres y M&#233;xico se neg&#243; a entregar las oficinas, el gobierno <strong>clausur&#243; el banco y orden&#243; aprehender al gerente y a varios miembros del consejo.</strong> El 11 de diciembre de 1916 fue todav&#237;a peor: le sacaron por la fuerza m&#225;s de 8 millones de pesos en barras de oro y plata y se los llevaron a la Casa de Moneda. El banco m&#225;s antiguo del pa&#237;s termin&#243; con sus directivos arrestados y sus b&#243;vedas vac&#237;as.</p><p>Reabri&#243; hasta <strong>1921</strong>, cuando &#193;lvaro Obreg&#243;n promulg&#243; la ley de desincautaci&#243;n &#8212;redactada, dato fino, por un joven Manuel G&#243;mez Mor&#237;n, futuro fundador del PAN, y a quien volveremos a visitar en esta cr&#243;nica&#8212; y devolvi&#243; los bancos intervenidos. El Banco de Londres volvi&#243; a abrir, pero con el capital pulverizado. En 1925, al amparo del nuevo marco bancario, dej&#243; de ser banco de emisi&#243;n y redujo su capital de 21.5 a 10 millones de pesos. Hab&#237;a sobrevivido, pero como una sombra de lo que fue.</p><p>Y aqu&#237;, la iron&#237;a m&#225;s fina de toda la cr&#243;nica. El <strong>1 de septiembre de 1925</strong>, el presidente Plutarco El&#237;as Calles inaugur&#243; el <strong>Banco de M&#233;xico</strong>, el banco central, y le entreg&#243; para siempre el monopolio de emitir billetes &#8212;ese monopolio que el Banco de Londres hab&#237;a estrenado en el pa&#237;s sesenta a&#241;os antes&#8212;. &#191;D&#243;nde se instal&#243; f&#237;sicamente el flamante banco central, el d&#237;a de su nacimiento? <strong>En la planta baja del edificio del Banco de Londres y M&#233;xico</strong>. El banco que le quitaba la corona naci&#243;, literalmente, dentro del castillo del banco destronado.</p><h2><strong>de Londres a Monterrey</strong></h2><p>Pasada la tormenta, el banco se reh&#237;zo despacio. En los a&#241;os treinta y cuarenta recuper&#243; parte del negocio que la Revoluci&#243;n le hab&#237;a arrancado, y poco a poco fue cambiando de due&#241;os: el capital brit&#225;nico de los fundadores cedi&#243; el paso, con las d&#233;cadas, al capital mexicano, hasta quedar en la &#243;rbita de la gran banca regiomontana. El banco ingl&#233;s del Imperio se hab&#237;a vuelto, sin estridencias, una pieza del poder&#237;o industrial de Monterrey.</p><p>Cuando, a mediados de los setenta, la ley mexicana permiti&#243; la <em>banca m&#250;ltiple</em> &#8212;juntar bajo un mismo techo el banco, la financiera, la hipotecaria&#8212;, el viejo Banco de Londres ten&#237;a todo listo para su &#250;ltima metamorfosis. Y, como buena instituci&#243;n vieja, la enfrent&#243; haciendo lo que mejor sab&#237;a: cambiar de piel para seguir viva.</p><h2><strong>el nombre con el que lo enterramos: Serf&#237;n</strong></h2><p>Aqu&#237; empieza el olvido. Porque el <strong>1 de julio de 1977</strong>, el Banco de Londres y M&#233;xico se fusion&#243; con una financiera &#8212;Aceptaciones&#8212; y con un grupo de bancos regionales que ya usaban una palabra nueva en su nombre, <strong>Serf&#237;n</strong>, contracci&#243;n de <em>servicios financieros</em>.</p><p>El acta no dec&#237;a que mor&#237;a un banco de 1864. Dec&#237;a que nac&#237;a uno moderno. Pero la licencia, los clientes, la continuidad &#8212;el hilo&#8212; eran los mismos. El primer banco de M&#233;xico sigui&#243; operando; solo que ahora se llamaba <strong>Banca Serf&#237;n</strong>, y a nadie le contaron que ese nombre flamante cubr&#237;a a la instituci&#243;n m&#225;s antigua del pa&#237;s.</p><h2><strong>el &#250;ltimo presidente del consejo</strong></h2><p>A m&#237; esta historia no me llega por un archivo. Me llega por la sangre.</p><p><strong>El</strong> <strong>&#250;ltimo</strong> <strong>presidente del consejo de administraci&#243;n del Banco de Londres y M&#233;xico &#8212;y de su sucesor, Banca Serf&#237;n&#8212; fue mi bisabuelo, Francisco F. Maldonado</strong>, que tambi&#233;n presidi&#243; la Asociaci&#243;n de Banqueros de M&#233;xico. Y conviene entender bien lo que eso significa, porque es la diferencia entre el due&#241;o y el que opera. El capital con el que se arm&#243; Serf&#237;n era de la casa regiomontana de los Garza Sada; ah&#237; estaba la propiedad. Pero el que presid&#237;a el consejo, el que manejaba la financiera &#8212;Aceptaciones&#8212; y llev&#243; a la instituci&#243;n por dentro a trav&#233;s de su &#250;ltima transformaci&#243;n, el que firm&#243; &#8212;en cierto sentido literal&#8212; el cambio de nombre, fue mi bisabuelo. &#201;l cerr&#243; el cap&#237;tulo del banco m&#225;s viejo de M&#233;xico y abri&#243; el siguiente.</p><p>Y aqu&#237; entra la parte que no est&#225; en ning&#250;n archivo: la que se cuenta en la sobremesa. Mi abuelo lo recuerda as&#237;. El dinero era de don Eugenio y Roberto, s&#237;, pero durante a&#241;os don Eugenio no dej&#243; que mi bisabuelo cerrara la operaci&#243;n con la que Aceptaciones tomar&#237;a el control mayoritario del Banco de Londres y M&#233;xico. &#191;La raz&#243;n? Manuel G&#243;mez Mor&#237;n. El mismo que, de joven, hab&#237;a redactado la ley que en 1921 rescat&#243; al banco de las manos del gobierno &#8212;el futuro fundador del PAN&#8212; qued&#243; atado a esa casa por el resto de su vida. Y mientras G&#243;mez Mor&#237;n viviera, don Eugenio no quiso pasarle por encima: era una deuda de respeto con el hombre que medio siglo antes hab&#237;a salvado al banco. La operaci&#243;n esper&#243;. Solo a su muerte, en 1972, se destrab&#243; el camino &#8212;y mi bisabuelo termin&#243; cerrando el c&#237;rculo que el propio G&#243;mez Mor&#237;n, siendo joven, hab&#237;a abierto.</p><p>Cuento esto no por nostalgia familiar, sino porque explica por qu&#233; existe <em>la forja del capital</em>. Crec&#237; cerca de una historia que el pa&#237;s hab&#237;a olvidado, contada por dentro. Y aprend&#237; temprano que el capital mexicano no es una lista de fortunas: es una cadena de manos que reciben, transforman y entregan una misma cosa, generaci&#243;n tras generaci&#243;n.</p><h2><strong>la cuenta final: lo que cost&#243; y en cu&#225;nto se vendi&#243;</strong></h2><p>El &#250;ltimo tramo de la historia es el menos rom&#225;ntico y el m&#225;s caro, y conviene contarlo con n&#250;meros, no con adjetivos.</p><p>En <strong>1982</strong>, L&#243;pez Portillo nacionaliz&#243; toda la banca. A principios de los noventa, Salinas la volvi&#243; a privatizar, y Serf&#237;n regres&#243; a manos privadas &#8212;las del grupo regiomontano de Adri&#225;n Sada Gonz&#225;lez&#8212; por alrededor de mil millones de d&#243;lares. Pero lleg&#243; fr&#225;gil, y la crisis de <strong>1994-1995</strong> &#8212;el <em>error de diciembre</em>, el Tequila&#8212; lo hundi&#243;. Para 1999 ya no era viable.</p><p>Entonces el Estado pag&#243; la cuenta. La CNBV calcul&#243; al inicio que sanearlo costar&#237;a unos 20,000 millones de pesos. El n&#250;mero real fue otro: entre el Fobaproa y luego el IPAB, el rescate de Serf&#237;n termin&#243; comprometiendo alrededor de <strong>123,000 millones de pesos &#8212;unos 12,000 millones de d&#243;lares&#8212;</strong>, el saneamiento m&#225;s caro en la historia del pa&#237;s. Cuando el IPAB lo intervino, en julio de 1999, tuvo que inyectarle de entrada 13,000 millones de pesos solo para mantenerlo en pie.</p><p>Limpio por el contribuyente, el banco se subast&#243;. El <strong>8 de mayo de 2000</strong>, el <strong>Grupo Financiero Santander</strong> gan&#243; la puja con una oferta de <strong>14,650 millones de pesos</strong>, alrededor de 1,560 millones de d&#243;lares de entonces. Por ese precio se llev&#243; 927 sucursales y 1,648 cajeros. En 2006, la marca &#8220;Santander-Serf&#237;n&#8221; desapareci&#243; del todo.</p><p>El contraste con el &#8220;primer banco&#8221; de la leyenda es de manual. Banamex &#8212;el que s&#237; recordamos&#8212; tambi&#233;n pas&#243; por manos extranjeras: lo compr&#243; Citigroup en 2001 por unos 12,500 millones de d&#243;lares, casi ocho veces lo que Santander pag&#243; por Serf&#237;n. Pero ah&#237; se acaba el paralelo. Banamex nunca solt&#243; su nombre, y dos d&#233;cadas despu&#233;s emprendi&#243; el camino de regreso: Citi se fue desprendiendo de &#233;l y, para 2025, una buena parte ya hab&#237;a vuelto a manos mexicanas &#8212;con Fernando Chico Pardo al frente del consejo&#8212;, todav&#237;a llam&#225;ndose Banamex y con la marca en alto.</p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!E2DP!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F00ba33c5-c43d-46ff-bf31-64b6605b9914_2324x1084.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!E2DP!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F00ba33c5-c43d-46ff-bf31-64b6605b9914_2324x1084.png 424w, 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class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg role="img" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><title></title><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" 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Esa es la parte que casi nadie cuenta.</p><p>Cuando hoy entras a una sucursal de Santander en M&#233;xico, est&#225;s entrando &#8212;por l&#237;nea de continuidad, licencia y herencia&#8212; a lo que un 1 de agosto de 1864 abrieron dos ingleses para un imperio que no lleg&#243; a durar. El primer banco del pa&#237;s no est&#225; en un museo. Est&#225; operando, sin saberlo, bajo otra bandera y otro nombre.</p><p>Por eso lo llamo <em>el</em> <em>banco olvidado</em>: no porque haya desaparecido, sino porque sobrevivi&#243; tan bien que dejamos de reconocerlo. Banamex cruz&#243; banderas y due&#241;os sin soltar nunca su nombre; el Banco de Londres hizo justo lo contrario &#8212;fue soltando sus nombres con tal de no soltar la vida&#8212;. </p><p>Y quiz&#225; sea esa la verdadera lecci&#243;n de esta cr&#243;nica. En M&#233;xico, las grandes empresas &#8212;y el capital que las mueve&#8212; casi nunca mueren: se transforman. Cambian de manos tantas veces como cambian de nombre. De inglesas a mexicanas, de privadas a estatales y de regreso, del Banco de Londres a Serf&#237;n a Santander. <strong>Lo que se hereda no es la marca ni el due&#241;o: es el hilo. Y casi siempre viene de m&#225;s atr&#225;s de lo que recordamos.</strong></p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://articulos.forjadelcapital.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">la forja del capital es una publicaci&#243;n apoyada por lectores. 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